SIN NINGÚN CAMBIO

 

Jugar a rugby seven, con solo siete personas, sin ningún cambio, y si haber entrenado lo suficiente, ya que hacía poco que me estaba recuperando de una lesión, algo normal en mí.

Puede ser una auténtica locura. Para muchos, hasta un suicidio.

Aquel día, en aquel torneo de la ciudad de Linares, descubrí gracias a mis compañeras una sensación que no había experimentado nunca durante los dos años y medio que llevaba jugando a este deporte.

En el primer partido me llevé un rodillazo en la espalda que me dificultaba moverme, pedí cambio, pero eso significaba dejar a mis compañeras con una menos en el campo y sin cambios y aquella idea era peor que el dolor de la espalda.

 

Me levanté como pude del suelo, miré hacia la banda dónde se encontraban nuestros peques. Y allí estaban todos, mirando cada pase que dábamos, cada placaje que hacíamos, celebrando cada ensayo que anotábamos…

Nosotras éramos su referente, su modelo en aquel torneo, y no podíamos fallarles. Asique apreté los puños y me uní a las demás para seguir defendiendo el escudo por el que estábamos luchando. En ese partido aprendí el significado del sacrificio. Aprendí que, a pesar de ser delantera, chocar, no es siempre la mejor opción.

El segundo partido fue algo más fácil que el primero, ya estábamos calientes y más

espabiladas. Salir de una agotadora melé, o levantarte de un ruck y escuchar como las voces de la capitana o de los miembros del equipo que nos observaban desde la banda o desde las gradas nos animaban, nos motivaba a cada una a seguir a delante, a levantarte del suelo y seguir luchando.

El último partido fue el mejor, el más agotador puesto que éramos el único equipo que no teníamos cambios, por lo que todas estábamos cansadas. Pero a pesar de todo, nos dejamos el alma en el campo. Conseguimos sorprendernos aquel día como nunca antes lo habíamos hecho. Con un estupendo ataque y una magnifica defensa.

Lo mejor de todo el torneo es que nos divertimos juntas, jugando a un mismo deporte. Fue el primer partido del que salí satisfecha y muy contenta. Habíamos ganado el torneo, y lo habíamos hecho juntas, como equipo, como familia.

Al final del torneo aprendí que todo esfuerzo tiene su recompensa y nuestra recompensa era aparte de ser las campeonas del torneo, habíamos reforzado un poco más nuestros lazos como compañeras, habíamos añadido tres partidos a nuestra mochila de experiencias y la buena sensación que se te queda en el cuerpo después de un magnífico día de rugby.

 

Anónima.

#GoAtlantes

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